Presentacion de Janine Kruger de su libro "Heinrich Band. Bandoneón. Orígenes y Viajes del Instrumento Emblemático del Tango"

Presentacion de Janine Kruger de su libro "Heinrich Band. Bandoneón. Orígenes y Viajes del Instrumento Emblemático del Tango"

El bandoneón, un instrumento que se abraza: recorrido por el libro "Heinrich Band. Bandoneón, orígenes y viajes del instrumento emblemático del tango" de Janine Krüger

Quien haya observado alguna vez a un bandoneonista comprenderá lo que ningún manual transmite: el intérprete lo envuelve, lo estrecha contra el pecho, lo abraza mientras el fuelle pulsa como un pulmón adicional. Esa intimidad corporal —que Krüger asimila a la manera de abrazar el violonchelo— explica por qué el bandoneón late con tanta visceralidad en el tango, y por qué una obra publicada en Alemania puede abordarlo con absoluta devoción.

Heinrich Band. Bandoneón, orígenes y viajes del instrumento emblemático del tango, publicado por Klartext Verlag en su edición original alemana —*Krefeld. Band. Bandoneon* (2020)— y por Contemporánea Ediciones en la primera edición en español —Buenos Aires, 2022, con traducción de Lía Cavadas—, constituye la culminación de años de investigación de Krüger, musicóloga alemana radicada en los Países Bajos, quien descubrió su vocación bandoneonística durante sus estudios sobre la cultura del Río de la Plata. El volumen propone un itinerario riguroso que abarca desde los talleres de Sajonia hasta los conventillos porteños y las orquestas típicas de carnaval.

De Krefeld a Band: del acordeón sajón al alma del arrabal

Resulta llamativo que un instrumento concebido para el uso doméstico y la música popular haya terminado en los prostíbulos del Bajo porteño. Heinrich Band, cellista y docente en Krefeld, desarrolló hacia 1845 un instrumento portátil de fuelle y teclado a partir del acordeón sajón. No lo patentó —en aquel tiempo no era habitual registrar una invención de este tipo— y nunca pretendió servir a la música sacra: lo diseñó para la música popular, con el propósito de que la creciente clase media de Krefeld pudiera tener música en casa, el «piano del hombre sencillo». Band —fallecido en 1867— legó a su hijo Heinrich Robert un destino insospechado.

La gran ola exportadora tuvo lugar en las décadas de 1880 y 1890: el instrumento atravesó el Atlántico integrado en el repertorio de las colonias alemanas del sur de Brasil, Uruguay y la Argentina. En Buenos Aires, la comunidad inmigrante lo adoptó con rapidez: ya en 1876 se registran clases de bandoneón. Así, transitó desde las peñas germanas hacia los cafetines de La Boca y Barracas, desde los prostíbulos del Bajo hacia las orquestas típicas de los carnavales montevidanos. El bandoneón se transformó en un objeto cultural criollo.

Alfred Arnold: la fábrica sajona que hizo llorar al tango

Durante la Belle Époque, la firma que acercó el bandoneón a Latinoamérica fue Alfred Arnold, fundada en 1865 en Carlsfeld. En su período de mayor actividad, produjo cerca de dos mil instrumentos mensuales, buena parte destinados al mercado latinoamericano. Los peines de zinc —resistentes a la humedad del trópico y del Cono Sur— se convirtieron en el rasgo distintivo del bandoneón que viajaba al Río de la Plata.

La carga simbólica del modelo de exportación fue de tal magnitud que la fábrica lo bautizó con nombre propio: el doble A (AA). Su legado es legendario; Piazzolla le compuso Tristezas en homenaje. Los AA se fabricaron con un diapasón particularmente apto para el tango, la milonga y el candombe. Los luthiers sajones continúan sintiéndose orgullosos de aquella producción que, sometida a un mantenimiento adecuado, todavía hoy responde con plenitud sonora tras más de un siglo.

El futuro del instrumento: restaurar, innovar, transmitir

Krüger señaló un aspecto que las aproximaciones más idílicas soslayan: los bandoneones históricos constituyen un recurso finito. Cada AA que se desafina de manera irreversible representa un fragmento de patrimonio en disolución. A ello se suma la escasez de luthiers con el conocimiento necesario para intervenirlos. La tarea pendiente consiste en articular redes de colaboración y documentar las técnicas existentes.

El libro no se limita al registro melancólico: consagra un capítulo a los fabricantes contemporáneos que exploran nuevos materiales y soluciones acústicas. La tensión entre conservación e innovación le confiere una vigencia que excede la del mero archivo histórico.

Una obra con corazón europeo y respiración rioplatense

Krüger —alemana, residente en los Países Bajos— incorpora una sección en la que diversos bandoneonistas exponen qué representa para ellos el instrumento. La decisión otorga protagonismo a voces que rara vez escriben y permite apreciar que el bandoneón se vive de maneras muy distintas según se habite La Plata, Berlín o Ámsterdam. Krüger viajó a Buenos Aires, participó en seminarios y se integró a ensambles donde las culturas se entrelazan de forma orgánica.

La presentación se hizo en la Librería del Fondo de Cultura Económica “Rosario Castellanos”, en la colonia Hipódromo de la Ciudad de México. El cierre estuvo a cargo de tres bandoneonistas mexicanos, Clara Stern, Víctor Madariaga y Javier Noyola, que interpretaron tres temas y respondieron las preguntas del público. La pieza con la que remataron fue Recuerdos de Bohemia, de Enrique Delfino en arreglo de Piazzolla. Un homenaje encadenado que sintetiza la propuesta del libro: el bandoneón como objeto vivo que transita entre siglos, continentes y tradiciones, sin perder jamás su abrazo.


Para profundizar en la materia, puede consultarse el libro en su edición en español, de Contemporánea Ediciones, o en la edición original alemana, Klartext Verlag.